Noches de sueños y lluvia

Estadio de San Mamés lloviendo antes de recibir al Barcelona

Eran las 20:00 de la noche. Y se respiraba algo grande. La lluvia caía como sólo sabe hacerlo en Bilbao, y sobre un campo de fútbol con un verde que no se ve en ningún otro lugar del mundo. Porque el verde de San Mamés, amigos, es diferente. Pues eso, que se intuía que algo grande podía pasar ahí, bajo el aguacero.

Nos venía el mejor equipo del mundo. Probablemente, el mejor equipo de todos los tiempos. Un conjunto de estrellas del que oirán hablar nuestros nietos. Un grupo de elegidos destinados a cambiar la historia del fútbol. Porque el Barça, no lo olvidemos, ha ganado todo lo ganable y  jugando como nadie había jugado antes. Y allí se plantaron Valdés, Alves, Piqué, Xavi, Iniesta, Messi y demás estrellas mundiales dispuestos a pasar como un rodillo por encima de once chavales que no tenían más ayuda que una Catedral, treinta y cinco mil gargantas y un loco al mando de operaciones. La afrenta, en un principio, parecía ciertamente asequible para ellos. Quizá. Los Gorka, Iker, Andoni, Ander, Javi o Fernando lo tenían crudo. Enfrente había once superdotados. Once magos. Por delante noventa minutos. Después, una ínfima posibilidad de gloria. Una aplastante mayoría de posibilidades de derrota. Pero esto del futbol tiene algo de épico. Algo que hace que de nada sirva el nombre  si lo que hay por medio es un balón de reglamento. El árbitro pitó el inicio y lo demás ya lo sabéis. Hubo garra, sí, y balón al suelo. Hubo pundonor, mucho, y pases milimétricos. Hubo fuerza, por supuesto, y paredes inteligentes. Pudimos perder, quizá, pero estuvimos tan cerca de ganar…

El domingo se jugó un partidazo. Todos los diarios deportivos llegaron a la unánime conclusión de que fue el mejor partido que se ha visto en mucho tiempo. Un canto al fútbol, titularon. Un empate que pudo ser victoria si no es por un error de entendimiento que nos dejó con cara de recién levantados. Como si hubiésemos estado casi dos horas soñando y al final un argentino nos hubiera despertado con un balonazo en la cara. Los nuestros se partieron. Se dejaron el alma. Lucharon cada balón sabiendo que si bajaban un nivel de intensidad estábamos perdidos. No hubo pelotazos. Balón al piso y a jugar al fútbol. San Mamés disfrutó como solo sabe hacerlo el estadio de los estadios. La Catedral del fútbol. Y el Barcelona solo pudo llevarse el empate y en el último suspiro de partido. Ver como once leones se dejan la última gota de sudor contra un equipazo histórico como el Barcelona consiguió emocionarme.

Y cuando el árbitro pitó el camino de los vestuarios, me quedé un momento pensando cerveza en mano. El elegido no es Messi. Ni Xavi. Ni Iniesta. Los elegidos somos nosotros, sí,  que nacimos del Athletic.

Por eso, una vez más, gracias Dios por noches como ésta. Gracias Dios por hacerme del Athletic.

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Miembro de una gran estirpe de seguidores rojiblancos. Los 917 kilómetros que separan su casa de San Mamés son pura anécdota porque el Athletic en realidad vive dentro de él.

5 Respuestas para “Noches de sueños y lluvia”

  1. kekov dice:

    Bienvenido Rafa y gracias por hacernos sentir!

  2. Tom dice:

    Empieza a no gustarme,que nos empaten en los minutos finales…Estamos perdiendo muchos puntos asi.Todo el partido serenos en defensa,pero si ganamos por 1,llegan los minutos finales,y la defensa parece un gallinero.
    Por lo demas,PARTIDAZO

  3. kekov dice:

    Quiero pensar que esto de los empates en las rectas finales es circunstancial. Seguro que también influye el cansancio que empezamos a acumular, pero creo que no debemos preocuparnos aún por esto. Cuando llegue la Copa ya veremos…

    • Athletic.co.uk dice:

      Circunstancial??? Si llevamos toda la vida asi!!!!! Nunca hemos sabido defender un resultado.

      • kekov dice:

        Siempre hemos tenido fallos defensivos. Siempre hemos temblado los últimos minutos. Pero esto le pasa a casi todos los equipos, tampoco nos creamos tan especiales.
        En cualquier caso, me refiero a que es una “casualidad” que nos haya pasado un par de veces últimamente, y que el cansancio influye. No me parece que estemos perdiendo la concentración especialmente, como tú dices… como siempre.

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